Jugar con el tiempo, ser niños otra vez, estatuas y reyes, o jugar con la imaginación y viajar en tren. Toda la magia de la infancia en un cuento de Julio Cortázar: Final de Juego, para leer jugando con la música jujeña de Ricardo Vilca.

…Donde acabábamos era en las vías del Central Argentino, cuando la casa quedaba en silencio y veíamos al gato tenderse bajo el limonero para hacer él también su siesta perfumada y zumbante de avispas. Abríamos despacio la puerta blanca, y al cerrarla otra vez era como un viento, una libertad que nos tomaba de las manos, de todo el cuerpo y nos lanzaba hacia adelante. Entonces corríamos buscando impulso para trepar de un envión al breve talud del ferrocarril, encaramadas sobre el mundo contemplábamos silenciosas nuestro reino…
Link: sololiteratura.com/ggm/gargaboelargentino.htm
Link: www.literaberinto.com/CORTAZAR/finaldeljuego.htm
Este año cumple 80 años este genial escritor colombiano, Gabo, padre del realismo mágico. Aquí va un fragmento de “El coronel no tiene quien le escriba” y un video donde cuenta cómo la escribió. También les recomiendo se tomen un momento para escuchar su discurso -magistral clase de historia- al recibir el Premio Nobel de Literatura, en 1.982 .

La última fue la lancha del correo. El coronel la vio atracar con una angustiosa desazón. En el techo, amarrado a los tubos del vapor y protegido con tela encerada, descubrió el saco del correo. Quince años de espera habían agudizado su intuición. El gallo había agudizado su ansiedad. Desde el instante en que el administrador de correos subió a la lancha, desató el saco y se lo echó a la espalda, el coronel lo tuvo a la vista.
Lo persiguió por la calle paralela al puerto, un laberinto de almacenes y barracas con mercancías de colores en exhibición. Cada vez que lo hacía, el coronel experimentaba una ansiedad muy distinta pero tan apremiante como el terror. El médico esperaba los periódicos en la oficina de correos. Era un joven con el cráneo cubierto de rizos charolados. Había algo increíble en la perfección de su sistema dental. Se interesó por la salud de la asmática. El coronel suministró la información detallada sin descuidar los movimientos del administrador, que distribuía las cartas en las casillas clasificadas. Su indolente manera de actuar exasperaba al coronel.
El médico recibió la correspondencia con el paquete de periódicos. Puso a un lado los boletines de propaganda científica. Luego leyó superficialmente las cartas personales. Mientras tanto, el coronel observó la casilla que le correspondía en el alfabeto. Una carta aérea de bordes azules aumentó la tensión de sus nervios. El médico rompió el sello de los periódicos. Se informó de las noticias destacadas mientras el coronel –fija la vista en su casilla- esperaba que el administrador se detuviera frente a ella. Pero no lo hizo. El médico interrumpió la lectura de sus periódicos. Miró al coronel. Después miró al administrador sentado frente a los instrumentos del telégrafo y después otra vez al coronel.
- Nos vamos – dijo. El administrador no levantó la cabeza.
- Nada para el coronel- dijo. El coronel se sintió avergonzado….

Aracataca, ciudad natal del autor de “Cien años de soledad”
Audio del discurso en RFI(duración 18 minutos)
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“El coronel no tiene quien le escriba” (1.985) - Gabriel García Márquez- Ed.Sudamericana