Esos filósofos, nuestros indios

Octubre, Dí­a de la Raza, oportunidad para conocer un poquito más de nuestros orí­genes, y nuestros originarios. Tonocotés, sanvirones, lules, diaguitas, poblaron nuestros suelos y dejaron una impronta que conocemos muy poco. La cerámica arqueológica es uno de los soportes donde podemos apreciar:

“..la cosmovisión, espiritualidad, mitos, creencias y filosofí­a de las diferentes culturas indí­genas que se desarrollaron en nuestro terrirorio desde hace más de diez mil años”
- Jorge Fernández Chiti – “La Simbólica” – Ediciones Condorhuasi – 1.998

En Santiago del Estero, el Museo Antropológico Emilio y Duncan Wagner ( el viejo Museo Arcaico), guarda una de las colecciones cerámicas arquelógicas más importantes de Sudamérica. Vale la pena verlo!

 

La nota necrológica de Bernardo Canal Feijoó para Emilio Wagner, fundador  de nuestro Museo.

Diario “La Nación” – 4 de Enero de 1.950 –

“Evocación de un sabio desaparecido” por Bernardo Canal Feijoó

 

…y acaso por el camino del amor, siempre incomprensible para el que no ama, ese espí­ritu logró una obra desmesurada tanto por el volumen material como por el aliento que le infunde, dentro de las medidas habituales de la arqueologí­a argentina. No tengo la menor duda de que, en el espacio de su ingencia, caben holgadamente, como en toda obra humana y divina, la verdad y el error, lo bueno y lo mediocre, lo útil y lo inútil, que al fin sólo resultan proyecciones de algún interés más o menos historiable. Mientras llega la hora de los juicios finales, ahí­ está esa obra, magní­fica, desconcertante, soliviando de golpe los compromisos de la arqueologí­a argentina a la altura que habí­an aspirado a empinarla los primeros maestros…

 

 

El artí­culo completo, una joyita literaria, aquí­: emilio-wagner

 

 Y agrego una deducción de DiLullo:

 

Y por eso el espí­ritu del santiagueño, más que ningún otro, copia la imagen del paisaje, que ha trasegado en sí­, y es como reflejo humano de la fisonomí­a selvática y. por veces, como una sola cosa indivisible, como una simbiosis vital.

            En el canto está la tristeza del paisaje,  en la música del baile el chispazo de la alegrí­a, sus sueños, recuerdos y esperanzas. Lo telúrico trasciende de las costumbres, de las aptitudes, de la filosofí­a, de los conocimientos, de todo lo que el santiagueño es, como si hubiese trasfundido sus esencias.-

Orestes Di Lullo – “La razón del Folklore” –  

 

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