MANTRA – Rodrigo Fresán

El Mantra es una palabra o una frase, generalmente en sánscrito (man – mente, tra – protección) que se repite para meditar, sosegar o enfocar la mente. El “Mantra” de Fresán es todo lo contrario, con la vibración de  “Martín Mantra” ( que debía llamarse Máximo, palabra con x) nos muestra una pintura agitada, violenta, a veces angustiada del DF mexicano (con x) hecha por encargo, por un escritor argentino. A veces apasionante, desconcertante y oscura en otros, mantiene un suspenso que no cede hasta el final.

Una buena reseña de este libro en http://elpezvolador.wordpress.com/2008/07/01/una-lectura-de-mantra-de-rodrigo-fresan/

 

Tan apasionante como el arte mexica, plasmado en los ”libros de los antiguos”, los Codices. Véanlos aquí: 

 

iconolibroMantra – Rodrigo Fresán – Editorial Mondadori - Barcelona – 2001

Lecturas del Bicentenario

Ya lo sabemos, el 2.010 es el año de nuestro Bicentenario. Nada que festejar, pero aprovechémoslo para revisar los hechos, para repensar la conquista. Para ello volví a leer esta novela de Isabel Allende, simple y fantasiosa, pero con buena base histórica: “Inés del alma mía”. Y volví a encontrar, por ejemplo, a nuestro Francisco de Aguirre, fundador de Santiago del Estero: “… y no doy más detalles porque me temo que estas páginas contienen más truculencia de la que puede tolerar el alma cristiana”

mapuches

 Foto de Mapuches de http://compartehistoria.blogspot.com/2009/08/origen-de-los-mapuches.html

Meses después de la campaña militar de Villagra, el cabildo envió al norte a Francisco de Aguirre con la misión de reconstruir las ciudades avasalladas por los indios y conseguir aliados, pero el capitán vasco aprovechó la oportunidad para dar rienda suelta a su impulsivo y cruel temperamento. Caía sobre los rancheríos sin misericordia, cogía a todos los hombres, desde los niños hasta los ancianos, los encerraba en barracones de madera y los quemaba vivos. Así estuvo a punto de exterminar por completo a la población indígena y, según el mismo contaba riéndose, después debió preñar a las vuidas para repoblar. Y no doy más detalles porque me temo que estas páginas contienen más truculencia de la que puede tolerar un alma cristiana. En el Nuevo Mundo nadie anda con remilgos a la hora de ejercer la violencia. ¿Qué digo? Violencia como la que practicaba Aguirre existe por igual en todas partes y en todos los tiempos. Nada cambia, los seres humanos repetimos los mismos pecados una y otra vez, eternamente. Esto ocurría en Indias, mientras en España el emperador Carlos V promulgaba las Leyes Nuevas, en que confirmaba que los indios eran súbditos de la Corona y advertía a los encomenderos que no podían obligarlos a trabajar o darles castigo físico. Como tantas leyes bienintencionadas, éstas quedaban en tinta y papel. “Nuestro soberano debe estar peor de la cabeza de lo que suponemos, si piensa que eso es posible”, comentó Aguirre al respecto. Tenía razón. ¿Qué hicieron las gentes de España cuando llegaron extranjeros a imponer sus costumbres y su religión? Combatirlos hasta la muerte, por supuesto.

 iconolibro“Inés del alma mía” – Isabel Allende – Editorial Debolsillo – Buenos Aires – 2009

La velocidad de las cosas – Rodrigo Fresán

Los muertos, los fantasmas, los recuerdos y los desvaríos son el material que alimenta esta reunión de cuentos atrapantes, angustiosos y polémicos. Fresán suena tan argentino…. y sus personajes son la gente que cruzamos todos los días, y les pasan nuestras cosas, cosas que Fresán cuenta magistralmente.

 QUIERO (necesito) decirlo sin vueltas: este libro me resultó fascinante   (Eduardo Gudiño Kieffer).

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Yo fui a la guerra y la guerra vino a mí. Las islas.
El escritor cuyo nombre, por obvia elegancia y comprensible prudencia, prefiero omitir, se entusiasma un tanto demasiado cuando se entera de que yo estuve en la guerra de las islas, en el Atlántico sur. Nunca entendí el entusiasmo que sienten los intelectuales por el campo de batalla. La guerra es aburrida y no tiene ninguna estructura comprensible a no ser que se la vea desde lejos y mucho tiempo después. Una guerra es sólo más o menos comprensible una vez que ha terminado. Muchos pensarán que la guerra como territorio es un sitio ideal para el desarrollo y profesionalización de un joven hijo de puta. No es cierto. El caos de la batall, la imprecisión de fronteras y comportamientos alterando mapas y minutos no permiten esa quietud ordenada, ese lustroso piso de mármol donde el hijo de puta danza amparado por San Tapey-tap, patrón de los bailarines de zapateo americano.
No recuerdo mucho de lo ocurrido en las islas, poca cosa. Un soldado que no paraba de hablar sobre los Roling Stone fue injustamente castigado por haber robado un chocolate que, en realidad, había ido a descansar entre las paredes de mi estómago. Otro mató a un gurka y se suicidó el día de la rendción de nuestras gloriosas tropas. No duró mucho todo el asunto, no hubo demasiado tiempo.  En realidad, tampoco hubo demasiada nieve.  Una llovizna más parecida a caspa fría que otra cosa.  En las islas, yo estaba a cargo de los cadáveres.

de “Monólogo para hijo de puta con ballenas y hermanita fantasma”

iconolibroLa velocidad de las cosas – Rodrigo Fresán – Editorial Debolsillo – 2006

Un cuento de Borges

Los “hombres valientes” del Balvanera de Borges me siguen maravillando. “Azevedo Bandeira da, aunque fornido, la injustificable impresión de ser contrahecho: en su rostro están el judío, el negro y el indio; en su empaque, el mono y el tigre”. Para gozar de una historia bien contada, este cuento del Aleph: “El muerto”.

  Que un hombre del suburbio de Buenos Aires, que un triste compadrito sin más virtud que la infautación del coraje, se interne en los desiertos ecuestres de la frontera del Brasil y llegue a capitán de contrabandistas, parece de antemano imposible. A quienes lo entienden así, quiero contarles el destino de Benjamín Otálora, de quien acaso no perdura un recuerdo en el barrio de Balvanera y que murió en su ley, de un balazo, en los confines de Río Grande do Sul….

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Para leer el cuento completo click aqui: El muerto
 

Y para acompañarlo, nada mejor que Piazzola y el Gotán Proyect

Volar! una novela de Paul Auster

La novela se llama “Mr. Vértgio”, es la apasionante historia de un niño que vuela. Se lee de corrido porque no puede dejarse, y recién después de la última página surgen las metáforas y la reflexión.

De un modo u otro (no recuerdo como llegué allí) estaba de nuevo en la cocina, tumbado boca abajo con la cara apretada contra el suelo, frotando la nariz contra las sucias tablas de madera. Ya no me quedaban lágrimas, sólo un seco y estrangulado jadeo, consecuencia de los hipos y los abrasadores y ahogados sollozos.
Luego me quedé inmóvil, casi tranquilo, y poco a poco me inundó una sensación de calma que se extendía por mis músculos y fluía hacia las puntas de los dedos de mis manos y mis pies. No había más pensamientos en mi cabeza ni más sentimientos en mi corazón. Me sentía ingrávido dentro de mi propio cuerpo, flotando en una plácida ola de nada, absolutamente distanciado e indiferente al mundo que me rodeaba. Y fue entonces cuando lo hice por primera vez, sin previo aviso, sin la menor intuición de lo que estaba a punto de suceder. Muy despacio, noté que mi cuerpo se elevaba del suelo. El movimiento era tan natural, tan exquisito en su suavidad, que hasta que no abrí los ojos no comprendí que mis miembros sólo tocaban el aire….

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Y un fragmento de un bello poema de Idea Vilariño, que ya vuela….

TAL VEZ NO ERA PENSAR
Tal vez pude subir como una flor ardiente
o tener un profundo destino de semilla
en vez de esta terrible lucidez amarilla
y de este estar de estatua con los ojos vacíos.

Tal vez pude doblar este destino mío
en música inefable. O necesariamente…

Y aquí “La canción y el poema” de Idea Vilariño cantado por Alfredo Zitarrosa

 La canción y el poema

iconolibro“Mr.Vértigo” – Paul Auster – Edit. Anagama – 1.994

Eduardo Galeano – las ideas y las palabras

Harta de ensuciarme los oídos con opiniones absurdas como “la pena de muerte”, “la colimba volvería” o la “elección anticipada”, recurrí a Galeano para respirar. Veamos algo de lo que dice:

En países donde no hay pena de muerte, se aplica cotidianamente la pena de muerte en defensa del derecho de propiedad. Y los fabricantes de opinión suelen hacer la apología del crimen….
En la civilización del capitalismo salvaje, el derecho de propiedad es más importante que el derecho a la vida. La gente vale menos que las cosas. Resulta revelador, en este sentido, el caso de las leyes de impunidad. Las leyes que absolvieron al terrorismo de Estado ejercido por las dictaduras militares, en los tres países del Sur, perdonaron el crimen y la tortura, pero no perdonaron los delitos contra la propiedad. (artículo completo: Ser como ellos)

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   Yo escribo para quienes no pueden leerme. Los de abajo, los que esperan desde hace siglos en la cola de la historia, no saben leer o no tienen con qué. 

Y volvamos al Galeano escritor, y su definción del “oficio de escribir”:
Después de tantos años en el oficio de escribir, a Galeano le ocurre lo mismo que la primera vez, siente el mismo pánico y le tiemblan las rodillas. “Es como hacer el amor”, compara, y agrega: “Siento pánico, pero a veces también una sensación de dicha, de la rara dicha que uno encuentra cuando lo que dice se parece a lo que se quería decir. Es cuando uno lee la última versión en voz alta y dice: me parece que sí. Leo en voz alta mientras escribo, pues es la única manera de leer un texto propio. En Guadalajara leí un textito chiquitito de una niña de seis años que decía: las palabras tienen música y tienen colores. Me pareció estupendo, porque a los seis años uno tiene todavía una relación con las palabras como de nuevo rico de las palabras.” (Página de E.Galeano)

Todos sus libros son recomendables:

  • Las venas abiertas de América Latina (1971)
  • Días y noches de amor y de guerra (1978)
  • Memorias del fuego I (1982)
  • Nosotros decimos no (1989)
  • El libro de los abrazos (1989)
  • Bocas del tiempo (2004)

La invención de Morel – Bioy Casares

 Ciencia ficción en una novela de amor, de aventuras y desventuras. Una de esas novelas cortas que nos enganchan y leemos  como posesos hasta la última página. 

Se puede leer tanto como una fábula de amor trágico, como una arriesgada especulación sobre la relación entre el mundo real y el de las imágenes.(konvergencia literatura

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Verla: como posando para un fotógrafo invisible, tenía la calma  de la tarde, pero más inmensa. Yo iba a interrumpirla.

Decir algo era una expedición alarmante. Ignoraba si tenía voz.

La mire, escondido. Temí que me sorprendiera espiándola; aparecí, tal vez demasiado bruscamente, a su mirada; sin embargo, la paz de su pecho no se interrumpió; la mirada prescindía de mí, como si yo fuera invisible.

No me detuve.

-Señorita, quiero que me oiga – dije con la esperanza de que no accediera a mi ruego, porque estaba tan emocionado que había olvidado lo que tenía que decirle. Me pareció que la palabra señorita sonaba ridículamente en la isla. Además la frase era demasiado imperativa (combinada con la aparición repentina, la hora, la soledad).

Insistí:

-Comprendo que no se digne…

No puedo recordar, con exactitud, lo que dije. Estaba casi inconsciente. Le hablé con una voz mesurada y baja, con una compostura que sugería obscenidades. Caí, de nuevo, en señorita. Renuncié a las palabras y me puse a mirar el poniente, esperando que la compartida visión de esa calma nos acercara. Volví a hablar.  El esfuerzo que hacía para dominarme bajaba la voz, aumentaba la obscenidad del tono. Pasaron unos minutos de silencio. Insistí, imploré, de un modo repulsivo. Al final estuve excepcionalmente ridículo: trémulo, casi a gritos, le pedí que me insultara, que me delatara, pero que no siguiera en silencio….

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“La invensión de Morel” – Adolfo Bioy Casares – Emecé Editores – 2005

Marguerite Duras – El amante

Hoy se cumplen 13 años de la muerte de Marguerite Duras.Una mujer que nació para escribir y vivió a través de lo que escribía.

 

“Marguerite Duras saltó en un instante del principio al final de su vida pero, en la breve duración de ese instante, hizo lo que quería hacer: écrire. Escribir.

Escribía y amaba lo que escribía hasta la obsesión. Ella misma se preguntaba qué era aquella necesidad mortal que había conseguido que viviera en un mundo paralelo al de los demás y que fuera existiendo cada vez menos porque todo, su esencia, se lo entregaba a la escritura devoradora. A los quince años le dijo a su madre que lo único que quería hacer en la vida era narrar y se preguntaba sinceramente qué hacía con su tiempo la gente que no escribía porque ella había llegado a pasar por el tamiz de la literatura incluso los recuerdos más dolorosos”. (Cabrasola)

  

          Muy pronto en mi vida fue demasiado tarde. A los dieciocho años ya era demasiado tarde. Entre los dieciocho y los veinticinco años mi rostro emprendió un camino imprevisto. A los dieciocho años envejecí. No sé si a todo el mundo le ocurre lo mismo, nunca lo he preguntado. Creo que me han hablado de ese empujón del tiempo que a veces nos alcanza al transponer los años más jóvenes, más gloriosos de la vida. Ese envejecimiento fue brutal. Vi cómo se apoderaba de mis rasgos uno a uno, cómo cambiaba la relación que existía entre ellos, cómo agrandaba los ojos, cómo hacía la mirada más triste, la boca más definitiva, cómo grababa la frente con grietas profundas. En lugar de horrorizarme, seguí la evolución de ese envejecimiento con el interés que me hubiera tomado, por ejemplo, por el desarrollo de una lectura. Sabía, también, que no me equivocaba, que un día aminoraría y emprendería su curso normal. Quienes me conocieron a los diecisiete años, en la época de mi viaje a Francia, quedaron impresionados al volver a verme, dos años después, a los diecinueve. He conservado aquel nuevo rostro. Ha sido mi rostro. Ha envejecido más, por supuesto, pero relativamente menos de lo que hubiera debido. Tengo un rostro lacerado por arrugas secas, la piel resquebrajada. No se ha deshecho como algunos rostros de rasgos finos, ha conservado los mismos contornos, pero la materia está destruida. Tengo un rostro destruido. Diré más, tengo quince años y medio….

Y aquí una escena de esa hermosa película: “El amante”

 

 

 

 

El amante” – Marguerite Duras – Tusquets Editores – BsAs. 2007

Un cuento de Navidad – Paul Auster

     Felices fiestas para todos!!!!!!                

Y para leer en estos días, con la voz de Cecile Dion, un cuento de Navidad realmente interesante de Paul Auster ilustrado por Isol, que es argentina ilustradora, cuentista y soprano!

.. El proyecto ascendía ya a más de cuatro mil fotografías.
Cada álbum representaba un año diferente y todas las fotografías estaban dispuestas en secuencia, desde el 1 de enero hasta el 31 de diciembre, con las fechas cuidadosamente anotadas debajo de cada una.
Mientras hojeaba los álbumes y empezaba a estudiar la obra de Auggie, no sabía qué pensar.
Mi primera impresión fue que se trataba de la cosa más extraña y desconcertante que había visto nunca.
Todas las fotografías eran iguales.
Todo el proyecto era un curioso ataque de repetición que te dejaba aturdido, la misma calle y los mismos edificios una y otra vez, un implacable delirio de imágenes redundantes.
No se me ocurría qué podía decirle a Auggie; así que continué pasando las páginas, asintiendo con la cabeza con fingida apreciación.
Auggie parecía sereno, mientras me miraba con una amplia sonrisa en la cara, pero cuando yo llevaba ya varios minutos observando las fotografías, de repente me interrumpió y me dijo:

- Vas demasiado deprisa.
Nunca lo entenderás si no vas más despacio.

Tenía razón, por supuesto.
Si no te tomas tiempo para mirar, nunca conseguirás ver nada…

Sol y Nieve - Isol

Sol y Nieve - Isol

 El cuento completo aquí

“El cuento de Navidad de Auggie Wren” – Paul Auster – 1.990

El que tiene sed – Abelardo Castillo

Hay libros dulces, hay libros amables, esta es una novela dolorosa y estremecedora, pero apasionante. El mundo delirante y espeso de un escritor luchando contra el alcoholismo magistralmente contado por Abelardo Castillo. Me gusta esa estética difícil que se aleja de lo fácil para movilizarnos desde otro aspecto, como la que plantea este “mural animado” de Blu.

 
MUTO a wall-painted animation by BLU from blu on Vimeo.

 

Y ahora, ya en el ómnibus, Esteban pensaba que hoy no era el día de su muerte. Conoció su inmediato futuro. Supo, por ejemplo, que iba a terminar esa carta. Dentro de una hora, supo también, su borrachera habría llegado a su límite, a la franja purpúrea donde la lucidez es casi sobrehumana y la locura acecha. Allí, por el término de una hora, él volaría lentamente con las alas desplegadas a muchos metros sobre el mundo y los hombres. La hora siguiente, gracias al alma adicional cautiva en la botellita, no sería demasiado atroz. Si conseguía escribir durante esas  horas sin pensar en otra cosa, y especialmente sin pensar demasiado en lo que escribía, la carta estaría terminada antes que el cansancio, el alcohol y las anfetaminas, actuando como de costumbre, lo fulminaran en un sueño que podía durar dos o tres horas más y del que despertaría, también como una fulminación, en un estado tal que ningún directivo de Amigos del Libro, sin conocerlo, podría diferenciar de la más absoluta normalidad. Antes, claro, debía lavarse la cara y los dientes.

“El que tiene sed” – Abelardo Castillo – Edit. Seix Barral – 2005